"__Y
otra cosa, Héctor -brama- a fin de cuentas, si nos ponemos a pensar,
¿qué hay de malo en convertir dinero negro en blanco? (...) Así las
cosas, ¿dónde preferirías ver ese dinero? ¿Negro y circulando por ahí?
¿O blanco y depositado en Londres, en manos de hombres civilizados,
disponible para fines legítimos y por el bien público?
__Siendo así, quizás deberías dedicarte tu mismo al blanqueo, Billy -dice Héctor en voz baja-. Por el bien público".
Diálogo entre espías del MI6 británico tomado de "Un traidor como los
nuestros" de John Le Carré (Plaza y Janés. Buenos Aires 2010).
Cualquier parecido con Los Cinco Grandes del Buen Humor en conferencia de prensa es pura coincidencia.
Repudio total a la salvaje represión en el Hospital Borda
La Metropolitana es
la Gestapo de Macri. Hay que denunciar al gobierno porteño ante la CIDH por la
represión criminal en el Borda. Marchemos el martes próximo con ATE en repudio
a este fascismo inmobiliario que destruye centros hospitalarios para hacer negocios.
Hay que recordar atentamente los nombres de quienes salieron a justificar la ordalía represiva de los
pretorianos de Macri: María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y Guillermo Montenegro. Que la justicia
determine qué clase de “protocolo” ampara legalmente el ataque a médicos,
paramédicos, pacientes y periodistas. Que la justicia determine, también, si
hubo una orden legal de desalojo y cuáles fueron sus términos.
Destacar que, a 24
horas de que el oficialismo kirchnerista aprobara a presión la limitación de
las cautelares, el gobierno capitalino subraya con balazos de goma y garrotes
que las cautelares fueron previstas
constitucionalmente para proteger a los ciudadanos más débiles (como los
internos del Borda) de la posible arbitrariedad de los funcionarios públicos y
los poderes privados.
Ciceron escribió para
la Argentina: Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?
Gramsci y el Tyrannosaurus Rex
Por Miguel Bonasso. Buenos Aires, 21 de abril de 2013.
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| Las antinomias de Antonio Gramsci |
Por un lado, la sociedad civil (pluriclasista) saliendo a la calle para reclamar o defender diversos derechos cívicos en una reivindicación polimorfa pero única, por el otro la parte opositora de la sociedad política dividida, desorientada, marchando detrás de aquellos a quienes debería representar sin poder lograrlo.
Completando el cuadro, la parte oficialista de la sociedad política enojada ante la manifestación de la sociedad civil, procurando reducir el número de manifestantes en un estúpido regateo que vuelve a descalificarla.
Las dos categorías centrales del pensamiento gramsciano siguen sin encontrarse.
El teorema de Sandler vuelve a evidenciarse: la argentina es una sociedad con gran energía política y muy escasa cultura política.
En el pasado ese desencuentro entre sociedad civil y sociedad política produjo resultados lamentables. La formidable
energía tectónica que se liberó el 29 de mayo de 1969 en el Barrio Clínicas de
Córdoba no logró ser encauzada por los sectores más radicales y terminó bajo el
ala de Juan Perón que la malversó en beneficio de la reacción, hasta que su
muerte (más que previsible) dejó al país a merced de los asesinos.
El estado asambleario de la ciudadanía,
que estalló en mil colores tras la jornada heroica del 20 de diciembre del
2001, se fue miniaturizando al compás del infantilismo izquierdista, hasta que
el duhaldismo primero y el kirchnerismo
después vinieron a ocupar el centro de la escena.
Más inteligentes que Duhalde, Kirchner
y Cristina acoplaron a su gestión algunas de las reivindicaciones de aquel gran
diciembre que tumbó al estólido y perverso De la Rúa. Reivindicaciones que
tenían que ver –curiosamente- con la calidad institucional de la República. Aunque
la desocupación y el corralito jugaron un papel protagónico en el estallido,
también pesó de manera decisiva el clamor para que se acabara la impunidad
(respecto al genocidio y la corrupción) y el cambio de una Corte Suprema de
letrina por un tribunal superior que hiciera honor a su altura jurídica.
El
cumplimiento (parcial) de estas reivindicaciones cívicas fue recompensado con
el respaldo ciudadano. Kirchner, que había sacado el 22 por ciento de los votos
en los comicios del 27 de abril de 2003, saltó rápidamente a un 70 por ciento
del apoyo popular en todas las encuestas.
Prodigioso capital que descendió vertiginosamente en
la “guerra gaucha” del 2008 y su secuela electoral del 2009 y luego logró ser
recompuesto, tras su muerte y el irresistible ascenso al 54 por ciento.
¿Qué es lo que ocurrió, entonces, entre
aquel resultado electoral y el repudio de grandes sectores ciudadanos que se
evidenció en las marchas del 13S; el 8N y el 18A? El cansancio ciudadano ante
la comprobación de que persiste la cópula entre política y negocios. La
evidencia de que la corrupción mata e impide la construcción de un verdadero
Proyecto Nacional. La aplastante convicción de que los sinvergüenzas van al
sector VIP de las discotecas y no a la cárcel. Que el Estado es un botín para
los políticos y la división de poderes una cuasi ficción que se intenta
perfeccionar –para mal- acabando de una buena vez con el escaso margen que le
resta a la justicia.
Resulta algo simplista decir que una
cosa fue la era de Néstor y otra totalmente diferente la de Cristina, como si
la pareja presidencial no conformara una díada político-ideológica que
construyó a medias lo que suele llamarse el Modelo K. Una suerte de
peronosaurio patagónico que ya ha cumplido diez años de edad.
La creación del Peronosaurio los
unifica más allá de algunas diferencias entre los primeros años de Néstor y los
últimos de Cristina, como el superávit fiscal de Kirchner y el déficit de su
viuda. O el aplauso ante una corte de juristas respetados que ahora ha sido
reemplazado por los destemplados improperios de la señora Bonafini contra esos
mismos juristas.
Lo
que hoy apesta ya estaba en germen en el gobierno de Néstor. Los testaferros
afilaban los cuchillos para el festín de las licitaciones. Más que para gestar una
“nueva burguesía nacional”, para armar en las sombras el Grupo Económico K: las
garras, las fauces y el sistema digestivo del Peronosaurio.
Con un nuevo esquema de la asociación
obligatoria, que logró superar al diezmo menemista: “vas a ganar todas las
licitaciones pero yo voy a tener el diez por ciento de tu empresa”.
Este el secreto a voces que no alcanza
a descubrir la justicia federal de Comodoro Py, donde los allanamientos parecen
un travelling de Tarkovsky. La urdimbre real de la podredumbre política, tapada
por la eclosión cloacal de las malas fariñas, la tv basura, los desorientadores
de opinión y las hetairas que evocan la decadencia del menemismo y su epítome:
el jarrón de Cóppola. ¿Hasta cuando, joven, hasta cuando?
Esta es la clave que oculta el incienso
de los “intelectuales K”. El acertadísimo reemplazo de los eructos de Gostanian
por los razonamientos alambicados de “filósofos” como Forster ante la
mirada comprensiva de Feinman el Malo,
convenientemente cristinizado por el olio sagrado de Cristóbal López y sus tres
mil tragamonedas.
Progresistas
y fascistas conviviendo en el vientre del Peronosaurio Patagónico en transición
-cada vez más notoria y acelerada- hacia el Tyrannosaurus Rex. Hacia la
absolutización del poder.
Así, frente a un sector de la sociedad
política cada vez más ávido de poder y otro sector –el opositor- fragmentado e
ineficiente, emerge nuevamente la reacción multiforme de la sociedad civil
expresando con nitidez su rechazo ante
la degradación del Estado de Derecho, que alcanzaría niveles insoportables con
una nueva reelección en el 2015.
Reacción imprescindible pero
insuficiente.
¿Cómo traducir esa energía en propuesta
política? ¿Cómo superar el escepticismo justificado de la sociedad civil frente
a los vicios e ineptitudes que caracterizan a vastos sectores de la sociedad
política?
El
mero amontonamiento de dirigentes no garantiza el éxito. El fracaso total de la
Alianza es la mejor demostración de que la unidad por la unidad no sirve.
Retroceder hacia una construcción política que tuviera como objetivo excluyente
desplazar al poderoso de turno (llámese Menem o Cristina) sin definir
simultáneamente las grandes metas programáticas que la fuerza emergente
pretende alcanzar, sólo conduciría a una nueva frustración colectiva.
Al mismo tiempo, es indudable que el
proyecto continuista no será electoralmente derrotado sin una imprescindible
sumatoria de votos. Ya. Con la urgencia del caso. No se avizora un 2015
victorioso sin un 2013 que levante una primera barrera contra el avance
autoritario del gobierno.
¿Cómo lograr dos objetivos que parecen
antagónicos? Es un tema arduo, difícil, que trasciende los modestos límites de
esta reflexión puntual sobre el pasado 18 de abril, pero que nos convoca a
todos los que pretendemos vivir en
un país donde la justicia social y la libertad no sean términos antitéticos.
No sobra el tiempo, pero aún es posible
intentar una política de grandeza y desprendimiento como la que la sociedad
civil está reclamando. Los dirigentes más honestos y decididos de la sociedad
política deben ponerse a la altura de este momento histórico, en el que hacen
falta más que nunca las ideas superadoras y los compromisos éticos de cara a la
sociedad civil.
El
país necesita más que nunca un gran frente que trascienda las fronteras
partidarias y se proponga erradicar para siempre el vínculo perverso entre
negocios y política.
Es imprescindible derrotar al grupo
faccioso que pretende eternizarse en el poder, pero de poco nos serviría si no
derrotamos simultáneamente a la corrupción que mata, se disfraza y se
multiplica como una hidra de mil cabezas. No sólo en la sociedad política sino
también en la sociedad civil.
Como cualquier cambio cultural, no será
rápido ni fácil. Pero, como reza un proverbio oriental todo comienza con un
primer paso.
Tal
vez con un Pacto. Que no puede ser el de Olivos, sino el que sellaron los
ciudadanos en las calles de la República.
Nota:
Este artículo se puede reproducir, sin ningún tipo de modificación o
mutilación, siempre que se cite completa la fuente original:
http://bonasso-elmal.blogspot.com
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No hay Lama sin Pascua
Por Miguel Bonasso. Buenos Aires, 11 de abril de 2013
Como compadres de esquina que buscan disimular el efecto de la trompada recibida, el gobernador de San Juan José Luis Gioja y sus patrones de la Barrick Gold, salieron a decir que el fallo de la justicia chilena ordenando la suspensión de los trabajos en el complejo binacional Pacua-Lama, no afectaba la operación megaminera en el lado argentino.
“En Lama se sigue trabajando
normalmente”, dijo Gioja en sintonía con la empresa canadiense. Omitió
recordar lo que resulta inocultable: el 75 por ciento del mineral se encuentra
en Chile. Argentina pone –en cambio- el 90 por ciento del agua. Pascua y Lama
están indisolublemente unidos. A tal punto que hubo que hacerles un exótico
tratado binacional a medida, que firmaron los presidentes Carlos Menem y
Eduardo Frei en 1997, amén de numerosos convenios parciales, como el acuerdo
secreto que firmó el titular de Hacienda de la Argentina, Juan Carlos Pezoa con
su similar chileno, para admitir precisamente que la mayor carga tributaria se
aplicaría en Chile, porque este país aportaba tres cuartas partes del material.
Después de haberse llenado la boca con “el primer emprendimiento minero
binacional de la Tierra” ahora
funcionarios y ejecutivos hablan de Lama, la parte argentina del complejo en la
que se asienta –entre otras cosas- el temible dique de colas donde yacerá de
regalo el barro cianurado. De Lama habla
Gioja y de Lama habla el secretario de Minería de la Nación, el socio
minoritario de Barrick, Jorge Mayoral, que dijo muy suelto de cuerpo: “Nada de
lo que acontezca del otro lado va a afectar a Lama”.
Algo distinto piensan los que manejan el dinero, porque las acciones de
Barrick Gold en Wall Street se derrumbaron en más de un ocho por ciento el
jueves 11 de abril. Ese mismo día cayeron 8.62 por ciento en el mercado de
Toronto, sede de la megaminera.
Algo sabe de esto otro socio minoritario de Barrick y miembro de la
Cámara Minera de San Juan, el geólogo Ricardo Martínez. Que encendió la alerta
roja: “es imposible que Lama (ubicada en San Juan) se desarrolle sin Pascua,
porque a mediados de 2014 está previsto comenzar con la explotación minera del
lado chileno, la del lado argentino está recién para el 2015. Nunca fue
previsto un desarrollo individual del proyecto, sino conjunto; y esto va a retrasar
aún más la etapa de producción”. Luego, sorpresivamente cargó contra un
comprovinciano de su mismo bando, el Secretario de Minería Mayoral: “lamentablemente nuestro Secretario de
Minería vuelve a renegar de su profesión (geólogo). Es imposible que ocurra lo
que plantea Mayoral. Son menores las reservas en Argentina que del lado
chileno”.
La causa es, obviamente, el fallo ejemplar de la Corte de Apelaciones
de Copiapó, en el desértico norte chileno, que vino a darle la razón a los
regantes del Valle de Huasco. En este caso particular a miembros de la etnia
diaguita.
Ese fallo, que para Barrick y sus funcionarios a sueldo, es provisorio, tiene implicaciones
decisivas para Argentina, el único país de la tierra que cuenta con una ley de
protección a los glaciares y las áreas periglaciales, porque se fundamenta
–precisamente- en “la destrucción de glaciares y la contaminación de recursos
hídricos”.
La justicia chilena viene a
confirmar lo que sostuve cuando presenté y defendí la ley de glaciares en la Cámara
de Diputados y luego en mi libro “El Mal. El Modelo K y la Barrick Gold, amos y
servidores en el saqueo de la Argentina”: que la empresa había mentido en su
estudio de impacto ambiental y estaba operando sobre glaciares y áreas
periglaciales. La Corte de
Copiapó viene a demostrar que las medidas cautelares solicitadas a la Corte
Suprema de Argentina por la Barrick Gold eran una confesión indirecta de que
para llevar a cabo su emprendimiento necesitaban destruir estas vitales fuentes
de agua, que nacen en la Cordillera de los Andes pero discurren por todo
nuestro territorio.
Demuestra que el amparo interpuesto originalmente ante el juez federal
de San Juan, Miguel Gálvez, constituía una sucia treta para secuestrar la ley
de glaciares en el territorio de San Juan. Objetivo que lograron durante meses,
hasta que la Corte Suprema puso fin a esta cautelar que el gobierno de Cristina
Kirchner –tan enemigo en apariencia de las chicanas judiciales- no consideró en
modo alguno nociva. Porque ya se sabe: hay cautelares buenas y cautelares
malas.
Los jueces chilenos acogieron el recurso judicial presentado por la
comunidad diaguita a través de su abogado Lorenzo Soto, recordando la serie de
sanciones y apercibimientos que la autoridad administrativa le aplicó a Minera Nevada SPA (el nombre legal de Barrick
en Chile), por graves irregularidades en el manejo del medio ambiente.
En octubre pasado el Servicio
Nacional de Geología y Minería (SERNAGEOMIN) dispuso el cierre temporal de las
operaciones de perforación, tronadura, remoción de tierras y vaciado en
botadero de estériles de Pascua Lama.
En noviembre de 2012, el SERNAGEOMIN obligó a la minera a suspender
tareas de excavación ante un exceso de
material fino en suspensión que representaba un riesgo para la salud de los
trabajadores.
En marzo de este año Barrick fue multada varias veces, hasta sumar 258
mil dólares, por el Servicio de Evaluación Ambiental de la región chilena de
Atacama. Entre otras causas, por incumplimientos en su plan de monitoreo
de glaciares.
En abril, la Superintendencia de
Medio Ambiente (SMA) de Chile acusó a la empresa de no haber construido canales
perimetrales que permitan el manejo de ácidos de su depósito de estériles.
Lo que se llama un buen
prontuario.
Es difícil trasladar la alegría al futuro y no pensar en todas las
trampas que llevará a cabo el mayor productor de oro del mundo. Al cabo, aquel
ambicioso proyecto binacional que empezó con una nada desdeñable inversión de
tres mil millones de dólares, se ha triplicado. ¿Podrá una corte provincial de
Chile frenar un gigante que ya se calcula en 9 mil millones de de dólares?
Ojalá. Compartimos el júbilo y la cautela de las organizaciones de
regantes del Valle de Huasco ante la histórica medida judicial, que demuestra
lo obvio: “no se puede trabajar en un ecosistema glaciar sin dañarlo”. Sus advertencias respecto a posibles propósitos subalternos del abogado de los diaguitas Lorenzo Soto: “si sus acciones pretenden conducir hacia compensaciones económicas reiteramos que para nosotros el agua vale más que el oro y que no estamos dispuestos a negociar la afectación de nuestras reservas hídricas”.
Pero, sobre todo, hacemos nuestro el principal reclamo, que vale para
Pascua y para Lama, para Chile y Argentina: “exigimos la revocación definitiva del permiso ambiental de Pascua
Lama, debido a la enorme cantidad de antecedentes nefastos que acumula este
proyecto, que pone en cuestión la sustentabilidad de nuestra cuenca y de la
cuenca de San Juan por el lado argentino”.
Eso es. Una bella bandera para llevar a las calles argentinas el próximo
18 de abril.
“BARRICK,
GO HOME”.
Entrevista a Miguel Bonasso sobre Pascua Lama en el programa de
Jorge Lanata. 11 de abril de 2013.
Jorge Lanata. 11 de abril de 2013.
Chau Barrick!!
¡Gran triunfo! La justicia chilena suspendió el Proyecto Pascua Lama en defensa de los glaciares. Ahora debe fallar la Corte Argentina.
Tragedia climática y farsa política
Por Miguel Bonasso. Buenos Aires, 5 de abril de 2013.
La furia popular
trasciende las internas del oficialismo y las broncas con gobernantes
opositores: en La Plata los inundados putearon ecuménicamente a la Presidenta
Cristina Fernández de Kirchner, a su cuñada, la ministra Alicia Kirchner y al
gobernador bonaerense Daniel Scioli. En la ciudad de Buenos Aires, el viajero
Mauricio Macri y sus aláteres del PRO también cosecharon el odio de
los vecinos. Odio popular contra la clase política más que justificado: seis
muertos en la CABA, dos en el Gran Buenos Aires y 51 en La Plata. (Aunque
algunas fuentes sostienen que hubo más de 100 víctimas fatales que se estarían
escamoteando porque entre ellas habría niños y aún bebés).
Incluso si fueran 51 (curiosamente la
misma cifra que la masacre de Once) ya sería una de las peores tragedias
“naturales” sufridas por los platenses. Pero ¿es natural? ¿es meramente climática,
como dijo Mauricio Macri mientras defendía su derecho a vacacionar en
Brasil?
Sólo alguien con muy mala fe podría
negar la incidencia en estos eventos -cada vez más frecuentes y catastróficos- del
cambio climático, que al cabo no es “natural” sino “ambiental”, es decir
producto de un sistema que se llama capitalismo. El desplome de 400 milímetros
de agua en apenas cuatro horas, (que bate todos los récords históricos), parece
inscribirse claramente en esta aterradora fenomenología que supimos conseguir.
Pero los políticos aludidos y otros aún
más cínicos o cobardes, como el alcalde de La Plata Pablo Bruera, no fueron
interpelados por una situación meteorológica global, sino por su negligencia
criminal ante los desafíos concretos del territorio que deben administrar y su
insensibilidad mineral ante el sufrimiento de sus conciudadanos.
Sus dichos los desnudan: “Hay algunos
que no son vecinos sino agitadores y violentos que no quieren ayuda”, dijo
Alicia Kirchner con el lenguaje policial que se le pegó de sus tiempos como
funcionaria de la dictadura militar.
“La lluvia no es radical ni peronista,
es lluvia”, sermoneó su cuñada la Presidenta a los vecinos de Tolosa (su barrio
natal en La Plata) cuando se quejaban porque nadie los había ayudado en las
horas del terror, cuando eran arrastrados por la correntada o morían ahogados
dentro de sus coches y sus casas.
Mientras los ciudadanos enterraban a
sus muertos y se despedían de lo que tanto les había costado, los dirigentes
políticos jugaban al Gran Bonete, repartiéndose las culpas. Según Macri, las
obras en los arroyos Vega y Medrano no se han ejecutado todavía porque la
administración nacional no le otorgó al gobierno metropolitano los avales
necesarios para obtener financiación externa; según los voceros oficialistas
porque el alcalde porteño es un vago y priorizó otras obras como el Metrobus.
Una polémica estéril, entre ellos, que no les va a servir para ocultar ante la
sociedad civil lo que desnudaron estas inundaciones: la ausencia total del
estado y el desastre como consecuencia inevitable de la falta de planificación.
Tanto Buenos Aires como La Plata son ciudades que se desarrollaron a partir de
las fuerzas ciegas del mercado, con la renta inmobiliaria como patrón para la
ocupación del espacio urbano, con el cemento suprimiendo espacios verdes que
filtraban el agua. La codicia inmobiliaria alza sus torres gigantescas, sin
importarle que sus enormes cimientos opongan barreras subterráneas al drenaje.
La miseria, la marginalidad, los
negocios sucios, convierten la ciudad capital en un basurero que recuerda las
páginas más sórdidas de Víctor Hugo, con esas bolsas negras “de consorcio” que
taponan las coladeras y flotan después, junto a los autos, en esos rápidos
temibles en que se han convertido aquellas calles que Borges prefería enternecidas
de sombra.
Y esto ha ocurrido y sigue ocurriendo a
pesar de las advertencias de expertos y académicos.
El intendente de La Plata, Pablo
Bruera, no sólo es culpable de haber mentido en el tweet diciendo que estaba
junto a los inundados, cuando se asoleaba en Brasil (de donde regresó recién el
miércoles 3 de abril por la mañana), sino también de haberse pasado por la
entrepierna un informe del Departamento de Hidráulica de la Facultad de
Ingeniería de la Universidad de La Plata que, en 2007, cuando el alcalde asumía
sus funciones, le advirtió que había problemas de desagüe en la cuenca del
arroyo El Gato. Precisamente el arroyo que atraviesa San Carlos, Ringuelet y
Tolosa, los barrios más castigados por la última inundación.
Según un imprescindible trabajo del
Centro Cultural Alejandro Olmos, “en los últimos diez años la construcción
creció como nunca antes en La Plata” (…)
Los números que maneja el Colegio de Arquitectos de La Plata son elocuentes:
tras la parálisis de 2001, entre 2003 y 2008 se construyeron 800 mil metros
cuadrados. Y esa misma cifra se levantó en los últimos dos años”.
A la ausencia del estado en la
planificación urbana hay que sumarle la total incapacidad para prever
catástrofes y hacerles frente cuando se presentan. La queja generalizada de los
ciudadanos –tanto en Buenos Aires como en La Plata- fue la inexistencia de una
verdadera Defensa Civil que evacuara a los vecinos en peligro o los auxiliara
de manera rápida y eficaz cuando todas las previsiones resultaron desbordadas.
“Nos dejaron solos” fue la queja más
escuchada. Un grito de terror en la noche del miércoles, que sólo fue percibido
muchas horas después, cuando algunos funcionarios se acercaron a las víctimas y
se sorprendieron por las puteadas.
Los dirigentes políticos argentinos son
–salvo escasas y honrosas excepciones- tan soberbios como ignorantes. Por esa
razón, es poco probable que reflexionen sobre el efecto profundo y deletéreo
que suelen tener las calamidades “naturales” sobre los procesos sociales y
políticos. Es poco probable que
sepan, por ejemplo, que el terremoto de Nicaragua en 1972, acrecentó de manera
decisiva la furia popular en contra de la dictadura de Anastasio Somoza,
favoreciendo el triunfo sandinista, que ocurrió apenas siete años después.
Tampoco deben haber meditado sobre el
revulsivo que significó el gran temblor de 1985 en la sociedad mexicana. La
ausencia del estado, la participación siniestra de los propios efectivos
policiales en actos de saqueo (en los barrios más pobres) y la consecuente
organización solidaria de los propios vecinos, llevó –en apenas tres años- a la
derrota electoral del PRI (Partido Revolucionario Institucional) el partido
único que gobernaba desde 1929. Esa derrota fue ocultada con una supuesta
“caída del sistema” electoral y ascendió al poder de forma espuria Carlos
Salinas de Gortari. Pero el pueblo mexicano sabía la verdad: en realidad había
ganado un nuevo líder popular, Cuauhtemoc Cárdenas, hijo del legendario
presidente Lázaro Cárdenas.
A pesar del fraude, la hegemonía
priista estaba resquebrajada y en el 2000 tuvieron que dejar la Presidencia que
habían ocupado durante setenta años.
Es verdad que se trata de distintas
realidades nacionales, de distintas culturas políticas y de diferencias enormes
entre catástrofe y catástrofe, ya que el sismo mexicano del 85 produjo miles de
muertos, pero no cabe duda que la inoperancia estatal frente a la trágica
inundación ha colocado a la clase política argentina en la mira de la sociedad
civil.
Seguramente la inmensa mayoría de los
ciudadanos ignora que en la década 2003-2013, los esposos Néstor y Cristina
Kirchner, dispusieron de una caja gigantesca de 500 mil millones de dólares,
que hubieran podido servir para reindustrializar el país y reconstruir y
ampliar una infraestructura decimonónica y prefirieron –en cambio- alimentar una
política asistencialista. Visible, como las remeras de La Cámpora, pero
superficial y de corto plazo.
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